Han sido varias las comidas de amigos, compañeros y colaboradores del sector para celebrar el retiro de Miguel Pérez, fundador de Sergruco, y honrar una trayectoria que ha marcado profundamente al sector de la elevación y, muy especialmente, a la provincia de Teruel.


Hubo dos despedidas especiales, la de los amigos de Aragón, y dos semanas después, la de ANAGRUAL y AGRUCOVAL.
Han sido comidas llenas de experiencias compartidas, anécdotas inolvidables y muchas risas, como solo sucede cuando se despide a alguien muy querido. Porque la marcha de Miguel no es una despedida profesional cualquiera: es la celebración de una vida dedicada al trabajo bien hecho, de una empresa convertida en referente, y de una persona que deja huella allí donde va.













Miguel Pérez, figura clave en el desarrollo empresarial de la zona, fundó Sergruco en los años noventa con un objetivo claro: ofrecer soluciones fiables y profesionales en el sector de las grúas para elevación y transporte de cargas.
Desde su sede en el Polígono La Paz, Sergruco creció gracias a la confianza de sus clientes hasta convertirse en un proveedor integral en el alquiler de maquinaria sin conductor, herramientas de mano y espacios modulares.
Hoy la compañía es un orgullo para Teruel:
- 7,5 millones de euros de facturación anual
- una flota de 750 máquinas
- y un equipo de 30 profesionales repartidos entre Teruel y Castellón.



Una trayectoria de crecimiento que refleja el espíritu de Miguel: constancia, dedicación y una visión clara de servicio al cliente.
En su mensaje de despedida, cuando mateco compra Sergruco, Miguel expresó con sinceridad lo que este paso significa para él:
“Han sido muchos años de trabajo duro haciendo crecer la compañía. Ha llegado el momento de dedicar más tiempo a la familia y he decidido pasar el testigo a mateco. Estoy completamente seguro de que es la mejor alternativa para continuar con el negocio y dejar a mis compañeros en las mejores manos.”
La operación, que supone la incorporación de Sergruco a mateco, garantiza la continuidad y el fortalecimiento de un proyecto que Miguel ha construido durante décadas con esfuerzo y cariño. Y, al mismo tiempo, marca el inicio de una nueva etapa personal para él, centrada en disfrutar de lo verdaderamente importante: su familia.
En las comidas de despedida quedó claro que, aunque Miguel deja la actividad profesional, no deja atrás la amistad ni los vínculos que ha forjado durante tantos años. Todos los presentes coincidieron en que seguirá siendo un referente en la zona, no solo por su aportación empresarial, sino también por su calidad humana y su forma cercana de entender el trabajo. Además de ser una de las personas que más sabe de trufas que conocemos.


