UN PAÍS SIN PRESUPUESTOS, ES UNA EMPRESA SIN DIRECCIÓN
España vive instalada en una situación que, si la trasladáramos al mundo de la empresa, sería sencillamente inaceptable, vamos peli de ciencia ficción. Imaginaos, por un momento, una empresa sin presupuesto, sin hoja de ruta, sin previsión clara de ingresos y gastos, sin objetivos aprobados y que funciona año tras año a base de parches. Y con escándalos diarios sobre el CEO, la mujer del CEO, el subdirector, el otro director, y que todos fuesen unos “supuestos” corruptos que campasen a sus anchas en la empresa y se llenasen los bolsillos llenos de forma no muy legal a costa de los trabajadores. ¿Cuánto duraría esa empresa? Muy poco. Pues eso es, precisamente, lo que está ocurriendo en nuestro país.
El Gobierno sigue sin presentar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado, pese a que la Constitución establece que deben remitirse al Congreso al menos tres meses antes de que expiren los del año anterior. Y, si no se aprueban, se prorrogan automáticamente. Eso es lo que tenemos: prórroga sobre prórroga y un país funcionando con cuentas que vienen de 2023. ¿¿¿Holaaaaaa???? 2023, que se dice pronto.
La excusa ahora es la incertidumbre económica y geopolítica. Que si el mundo está complicado, que si el contexto internacional, que si no es el momento. El ministro Félix Bolaños ha insistido en que existe voluntad de aprobar unos presupuestos, pero también ha reconocido que “ahora no es el momento” por esa incertidumbre. ¿Pero qué incertidumbre a nivel mundial titiritero?
Porque Ucrania, que está en guerra, aprobó su presupuesto estatal para 2026 el 3 de diciembre de 2025. Un país invadido, con necesidades militares inmensas, con dependencia de ayuda exterior y con una situación infinitamente más grave que la española, ha sido capaz de sacar adelante sus cuentas.
Que yo sepa la que está en guerra es Ucrania y no España. Sin pestañear, el sociata de turno, suelta la parrafada, se queda tan a gusto, y luego debe irse a su despacho con sus colegas los perroflautas y descojonarse de todos los españoles que tragamos con todo.
Mientras tanto, se sigue con el relato, el postureo y la rueda política de siempre.
Dando papeles a cambio de votos y metiendo cada vez más gente para que les mantengamos los 4 mindunguis que aportamos al IRPF.
El problema no es solo técnico. Es moral, empresarial y de gestión. España no puede funcionar como si el presupuesto fuera un trámite molesto. Para las empresas, los autónomos, los alquiladores, los fabricantes, los distribuidores, los talleres y todos los que levantan la persiana cada mañana, las cuentas importan. Importa saber hacia dónde va el país. Importa saber qué inversiones se van a realizar, qué impuestos se pagarán, qué infraestructuras se priorizarán, qué ayudas se mantendrán y qué nuevas cargas vendrán sobre quienes producen.

He vuelto a pedir hora en la seguridad social para que me vean la rodilla. No sé ni para qué, creo que por probar. Enero del 27 ha sido la respuesta. Digo yo que los que cotizamos deberíamos tener algo de prioridad a la hora de ir al médico, más que nada, porque somos los que mantenemos a todos los de la paguita, que cada año son más. Como nosotros fallemos, a ver qué hace Perro Sánchez. Aunque este personaje es profesional en crear cortinas de humo que mantengan a los españoles entreteniditos.
En cualquier empresa seria y con prestigio, un directivo que pretendiera gestionar sin presupuesto perdería la confianza del consejo, de los bancos, de los proveedores y de los empleados. Pero en política parece que todo vale. Se puede gobernar sin cuentas nuevas, sin mayoría suficiente, sin rumbo claro y, aun así, salir a explicar que todo va fenomenal.
Va bien una parte del país porque hay empresas trabajando muchísimo. Porque hay gente que se deja la piel cada día, porque hay iniciativa privada que sigue apostando por España, porque hay emprendedores que quieren cumplir sus sueños. Porque hay sectores que siguen tirando del carro. Porque la maquinaria no se para, porque la construcción aguanta, porque la industria pelea, porque los empresarios hacen encaje de bolillos para pagar nóminas, impuestos, seguros, financiación, combustible, recambios y cuotas. Pero cuidado: que haya trabajo no significa que haya buena gestión pública.
España no avanza gracias al Gobierno. España avanza a pesar del Gobierno.
La realidad es que los empresarios estamos sosteniendo un edificio político lleno de grietas, de termitas y de cucarachas. Y los castillos de arena, por muy bonitos que parezcan desde lejos, se deshacen en cuanto llega la primera ola fuerte.
Lo más preocupante es la falta de respeto al contribuyente. Al que paga. Al que cumple. Al que no puede permitirse decirle a Hacienda que este trimestre “no es el momento”. Al empresario no le aceptan excusas geopolíticas para retrasar impuestos. Al autónomo no le permiten gobernar su negocio con cuentas de hace tres años. A una empresa no le financian un plan de crecimiento si no presenta números, previsiones y responsabilidad.
Pero el Gobierno sí pretende que aceptemos como normal lo que en cualquier consejo de administración sería motivo de cese fulminante.
Un país serio necesita presupuestos. Necesita estabilidad. Necesita credibilidad. Necesita menos propaganda y más gestión. Menos vídeos de Instagram de su presidente haciendo el bobo, menos titulares, menos discursos calculados y más respeto por quienes trabajan.
Porque España no es un plató. España no es una campaña permanente. España no es una bicicleta, una foto o un mensaje en redes. España son miles de empresas que cada día se juegan su patrimonio, su tiempo y su futuro.
Y esas empresas merecen un Gobierno que actúe con la misma responsabilidad que se exige a cualquiera de ellas.
Sin presupuestos no hay proyecto. Sin proyecto no hay confianza. Y sin confianza, tarde o temprano, la economía lo acaba pagando.
Váyase Sr. Sánchez, pero váyase con una responsabilidad penal de lo que deje detrás. Y por Dios, llévese con usted a toda la calaña de titiriteros que nos ha metido con calzador en cualquier puesto de responsabilidad y que sólo han venido a calentar la silla y su bolsillo.
FUERZA Y HONOR AHORA Y SIEMPRE.


